Un pajarito rescatado
En nuestra casa en el campo, tenemos una cocina que funciona con leña. Estas cocinas tienen un cañón por el que sale el humo hacia fuera.
Un día, al entrar a la cocina, escuché un ruido como de revoloteo de un pájaro. Salí a mirar y no vi nada.
Algunas horas más tarde, vi que había cenizas debajo de la cocina a leña. Me pareció raro ya que no había encendido la estufa.
En la tarde, al venir a preparar la cena, nuevamente escuché ese ruido ahora como de algo dentro de la estufa. La abrí y vi un pajarito todo lleno de cenizas con su piquito abierto señal de mucha sed. Había caído por el cañón de la cocina hacia dentro y revoloteó casi todo el día intentando salir. Estaba exhausto, con hambre, sed y cubierto de ceniza.
No pude reconocer que pájaro era de lo sucio que estaba.Introduje suavemente mi mano para salvarlo de ahí. Mi mano también se ensució quedando negra.Le di agua y lo llevé afuera. Descansó un rato y luego se fue volando.
Al acostarme esa noche, me quedé pensando en el pajarito rescatado.Me sentí contenta de haberlo podido sacar de ese oscuro y sucio lugar. Fue mi mano que suavemente lo tomó y lo liberó.Pensé en las muchas veces que Dios extendió su mano para “rescatarme” de algún problema en el que me daba vueltas y vueltas como el revoloteo de ese pajarillo.
Recién cuando, cansada de mi “aleteo”, y me he quedado quieta, es cuando Dios ha podido tomarme en su mano y sacarme de la desesperación, la suciedad y darme de su agua de vida para calmar mi sed. Después de eso, él abre su mano y me deja volar.
Pero lo más extraordinario es que Dios no solo vino a mi mundo polvoriento, sucio y oscuro para “liberarme” de mi propia maldad, sino también para darme una vida con propósito y además eterna.
El no es un Dios que solo te golpea la espalda para darte ánimo, no, el es un Dios que se da por entero y va contigo en todos tus caminos.
Yo solo usé mi mano para rescatar al pequeño pájaro y Jesús dio su vida completa por amor a toda la humanidad.

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